domingo 8 de noviembre de 2009

Le (re)tour de Bangalter.

Saludos….......otra vez. A decir verdad me vi en la forzosa situación de echar mano a mi derecho a la expresión, al seguir aprovechando la gratuidad y las licencias que me concedieron sin mérito alguno para estampar mi miseria, al reactivar éste, mi supino y florido sitial de rescoldos y heces retóricas que precio de llamar “blog” y que hace mucho tiempo abandoné, puesto que nunca creí estar en condiciones de estructurar apropiadamente mis percepciones sobre el entorno y la condición humana que me tocó, con la solvencia, fluidez y contundencia que hubiera querido.
Pero bueno, he decidido regresar ya que siento que mi redacción, mis maneras sintáxicas, gran parte mi expresión escrita necesita una pulida in extremis que me permita desempeñarme mejor allá afuera, y éste espacio parece ser una opción indicada para hacerlo. Yo sabía que algún día tendría que volver y que arrastraría mi desdeñoso parecer hasta aquí, así que heme de vuelta. Regreso, con el sentido de la argumentación renovado -aún truncado-, con la maraña de expectativas que me guarecían ya disueltas, con la holgadez tópica y creativa apenas suficientes para elaborar los más insensatos, desahuciados e inconexos entramados que nunca en mi puta vida hubiera llegado a ser capaz de imaginar, con una disposición narrativa totalmente diferente a la que había utilizado cuando apenas comenzaba a aparcar éste rinconcito olvidado de -la red-, con la pretensión de llevar toda mi absurda vanidad y credenciales hasta el cero absoluto y por último, regresé con lo más importante, muchísimo más que toda esa basura mencionada allí arriba................................................................un nuevo computador(!).
Así que hoy mismo rompo mi paradigma mental de inacción blogueril y de escritos truncados, para retomar de una vez por todas el blog, eso sí, jurando solemnemente ante mí mismo y los dos zancudos que me surcan, que no incurriré, ni me tomaré la molestia de publicitar, insinuar, sugerir, mencionar, comentar, citar, lisonjear, espolear, recomendar, ni hacer alusión alguna a lo que sea que me acierte a aventar por aquí, ya que seamos francos, para atraer audiencia hay que tener talento y sobre eso me sé naturalmente desprovisto, así que cautivar lectores es y será, durante este cometido que me impuse, la última de mis motivaciones. Trataré de escribir a modo experimental y dejaré que todo lo que en adelante sea publicado (así como venía haciéndolo todo lo que por aquí estaba), divague por la red cual hojita cuadriculada de parcial reprobado, estriado, en rugoso papel mugriento, que revolotea por las calles con suciedad y sin dirección, hasta el punto en que los siniestros fluídos atmosféricos sepan darle fundición.

Sírvase y cúmplase
Tout ça fera une plaisir pour moi…

Festejemos pues

viernes 16 de noviembre de 2007

De videojuegos y otros demonios...(segunda parte)

...Me encantó el dinamismo del alterado Winning Eleven y las facilidades que este disponía para reconocer las cualidades de los jugadores y así ubicarlos en la cancha -las señales en japonés eran irrelevantes-. Luego de aprender a dominar las técnicas del videojuego que me enseñaban los usuarios más avezados del local más cercano a mi residencia -los mismos que se burlaban de mi absurdo nivel y cercenaban mi risible orgullo asestándome más de media decena de goles por partido-, pared, gambetica corta, sacada de arquero, gol olímpico, vaselina, editada* de bozo, panza prominente y canutillos en los guayos así como poner a tope las cualidades del jugador de turno, fueron las lecciones que no me tomaron menos de dos largos meses de inconcebible despilfarro y vagancia para estar siquiera a un nivel decente, siendo de esa manera que me invitasen a jugar y así eludir inmisericordes chascarrillos que implicaban el hecho de que me tomaran como un rival deseado en los torneos particulares a razón de mi provisorio mantra de cenicienta.

Luego de acallar las imprudentes lenguas y de patear el trasero de mis presumidos rivales, en uno de los muchos locales que gracias a la recursividad de mis condiscípulos pude visitar, noté que en cuanto a consolas de videojuegos había un tercero en discordia; que funcionaba a punta de discos compactos tal y como lo hacía el Play Station, de estética similar al PSone aunque esa la vendría a conocer poco después. Se trataba de un dispositivo de mejor resolución en imágenes que su competencia de Sony, de controles que conciliaban en cuanto a cualidades ergonométricas, las facilidades de agarre entre un control de Play Station y Nintendo 64 y apartir de otro de los mejores títulos que recuerdo haber jugado, CART 98' conocí lo que vendría a ser un Sega Dreamcast, logotipo que pudo evocar mi erosionada memoria ya que le había visto estampado como patrocinador temporadas atrás en las camisetas del Arsenal de Londres.
En dicha consola no alcancé a probar la generosa cantidad de títulos que habría de disponer la marca. En ese entonces le prestaba más atención al ESPN MLS en PSone** y fue justo gracias a este videojuego que pude mejorar mis habilidades para esgrimirlas a la moda de la epóca como lo era el winning eleven, en su segunda evolución a finales de 2001.

El año siguiente traería bastantes alegrías para este sufrido servidor. Año de torneos, acompañada por la incertidumbre sentimental tras la primera ausencia a un mundial de la selección Colombia en más de diez años de asistencias y ya se postulaban como las opciones más solicitadas en los locales, como si la providencia hubiera hecho de mi dolor de fútbol un motivo de miserable burla, el videojuego del mundial Korea-Japan 2002 con solo selecciones en versión Konami -es decir, las mismas gráficas del winning- a su vez que su competencia lanzaba FIFA 2002, una elaborada versión de menor vistosidad y con mucha lentitud en las recargas. Una mediocre edición –Colombia brillaba(?) por su ausencia- que al momento de jugar, se podía divisar a lo verde y lejano del campo de juego a 11 culones muñequitos que corrían y desplegaban su programado talento tan solo cuando el sistema se le antojaba conveniente. La falta de balance en las imágenes y la lentitud de bocetos que hacían funcionar el juego a empujones, fueron las aplicaciones que me llevaron a considerar que este videojuego era el más desconcertante de los fiascos tratándose de una marca consagrada como EA Sports, precedida por hits en el mercado, concesiones ganadas en derechos deportivos y de promoción en deportes con entes reguladores reacios a convidar derechos de marca como la FIBA (en Baloncesto), la MLB (en Béisbol) y la FOA (con la fórmula 1).

4 de Julio de 2002 será una de las fechas más lindas que pueda recordar, ya que para mi grata sorpresa ese día fue cuando desistí a los locales de videojuegos (a menos por un largo tiempo) cuando fuimos con mi respetada señora Madre al San Andrecito de San José y allí me regalaban con motivo de mi precario onomástico que estaba próximo, una reluciente consola de PSone, con tres controles y con muchos videojuegos que acompañaron las previsibles trasnochadas con familiares y amigos. En efecto, la maravillosa adquisición parecía de momento, conferirle algo más de alegría a mi existencia y al parecer a la de mis primos -César y Ángela, a ellos saludo, así no les tramen los blogs- que la usaron más que yo.
Así quemé los meses en los que apreciaba una insondable prosperidad en muchos ámbitos de mi vida. Mientras tanto, los únicos juegos que me acompañaron a disfrutar tan maravilloso estadio de situaciones, eran el Pro Star Soccer 98', Fórmula 1 2000 y Winning Eleven, aunque rotaba con Gran Turismo, Need for Speed 3, CART 97' y NASCAR 99' cuando se trataba de visitas coetáneas.

Las tradiciones decembrinas tales como el día de las velitas, novenas navideñas, buñuelos y natilla, año nuevo, fueron reemplazadas y pasaron de largo en ese año ya que a mi primo a quien llamaremos Epilef (a quien animaré para que publique un "bló" y se una a la comunidad) también le habían comprado el mismo dispositivo, por lo que me había ganado un rival directo sobre todo en fútbol en el que siempre teníamos buenos recuerdos. De allí desarrollamos una enorme rivalidad -una razón de clásico- en la que resulté adoleciendo el síndrome de Nobel, al verme superado por él, y con creces, con los mismos trucos que previamente le había enseñado.

El año siguiente (diciembre 2003) nacía una importante tradición -entre familia y amigos de turno- que consta en hacer torneos pentagonales, hexagonales, heptagonales, según la cantidad de rivales, de fútbol -de ida y vuelta las rondas-, un todos contra todos en el que salía como ganador aquel que pudiese marcar más puntos en todos los encuentros, con nuestras reglas de desempate y puntajes. En la actividad tratábamos de emular hasta el más discreto de los analistas, con la más absurda de las parafernalias con tal de incrementar la emoción y enaltecer el ánimo entre beligerantes para exhortarlos a dejar "los dedos en la cancha". Apostábamos importantes cuotas de dinero -importantes respecto a la “vaciadez” que tanto caracteriza a una inmensa mayoría de imberbes dependientes del hotel Mamá- como estímulos extra y teníamos invitados especiales que incrementaban el nivel general de competencia mientras habían más partidos de entrenamiento y conocíamos más alternativas para vulnerar con más frecuencia, la valla que muchos de aquellos crecidos arqueros vigilaban.

En febrero de 2004 jugué por primera vez, en un local de videojuegos del Barrio Restrepo con un Play Station 2. Allí tuve la oportunidad de conocer esta nueva evolución de la Sony en donde noté que se mantenía la misma sencillez en los comandos y en el método de instrucción para los controles. Nada radical, tan sólo adaptarme al nuevo ritmo y a los efectos que me demandara el video juego en cuestión; con más sutileza y realismo que todo lo que había alcanzado a jugar anteriormente, fue exactamente eso lo que se convirtió en la primera impresión que me llevaba, luego de disputar con unos amigos algunos partidos en la rudimentaria versión de fútbol colombiano en formato Konami, la ópera prima que había sedimentado el siempre vanguardista "Gomito" unos meses atrás para esta consola que me fue ignota por muchos años.
No obstante, las circunstancias en las que se destacaban mis afecciones a la tradición, decepciones idílicas, limitaciones temporales y geográficas, así como una deplorable situación monetaria, todo me conducía siempre a hacer de los términos de mi relación con mi consola de juegos, una causa inseparable.
Comenzaba mi época universitaria y me tenía una previa abstención extraña que tenía más de un año sin tocar los botones de un control de videojuegos. Tan sólo fueron nimios intentos para superar todo lo que me afligía durante ese mismo lapso de tiempo. Por alguna inefable razón que muchos en el más manifiesto de los sesgos llegasen a confundir por madurez, mi Play Station se llenaba de polvo en la repisa particular ante el hastío que llegó a generarme tantas horas de juego sin ningún sentido.
Desde ese entonces, me desconecté del mundo de los videojuegos y mis deseos de renovar consola, se convirtieron en caprichos que ahora ocupan el último renglón de lo más recóndito en mi lista de prioridades.
No obstante, Epilef siempre volvía a familiarizarme con el ritmo de competencia con el fútbol en videojuegos ya que era necesario darle más continuidad a la tradición que ya habíamos iniciado y hoy en día sigue, con mi nivel que viene cada año más depurado con respecto al anterior.
A su vez llegaba la era del x-box, lanzamientos de dispositivos portátiles de la casa Play Station, Nintendo replanteaba sus errores de la era Game Cube, refugiándose en el mercado del portátil con las versiones DS, comenzaba a erradicarse el uso de las tarjetas de memoria –memory card-, se advenían otra suerte de funciones que nunca imaginé apreciar como la conjunción de consolas que permitían la participación de ocho o más jugadores (dos televisores, dos x-box en la misma disputa) y con las facilidades que desarrolló la casa Microsoft con su versátil invención en este aspecto, ya era posible jugar Halo, Winning Eleven o Grand Default con escandinavos, asiáticos o con gente norteamericana gracias a la intervención del Internet y una serie de puertos USB.

Ante el inagotable trajín de adelantos y de carnicería “marketinera”, contrario al espíritu de exploración que me caracterizaba y me motivaba a caer seducido ante los videojuegos tiempo atrás, mi interés al respecto ha languidecido por completo. Puede ser que, en este punto de mi vida considero que no destaco nada que sea digno de estimar ante esas horas dedicadas, en las que pude haber concebido mejores cosas durante los momentos de mal llamado ocio y que, no fue mucho lo que obtuve de aquellas sesiones de hermetismo sugestivo. No obstante, pesa más en la introspección los instantes agradables, las mofas, los acercamientos colectivos, las desgarradoras celebraciones, los neologismos hilarantes, los torneos ganados y los amigos que hice a partir de los videojuegos sin desconocer las pérdidas en función de todo las cosas probablemente útiles de las que me privé por sucumbir ante las órdenes de un pobre ordenador.

Pasó un poco más de un par de meses desde que una grácil promotora me invitara a probar en un reconocido centro comercial de la ciudad, los controles de un Nintendo Wii. Reedité una de las tantas escenas que habré de almacenar en mi gruesa bitácora de osos cometidos, cuando retornaba justo a donde había iniciado: adaptándome a la modalidad de agarre, otra vez con un Nintendo sólo que esta vez sirviendo de inspiración a cientos de crueles circunstantes que me animaban a punta de incómodos improperios a causa de mi presunta falta de motricidad y de mi dizque ya –anacrónica- forma de coger el control, ¿ah?


Parce, todas las segundas partes son malas.

¿Qué tal estos hijueputas gomelos? ¡Miren a ver si respetan a sus mayores!

Dedicado a mi primo Epilef, si usted ya llegó hasta aquí, tenga la decencia de comentar mi mediocre crónica, gracias se le agradece.

martes 13 de noviembre de 2007

De videojuegos y otros demonios... (primera parte)

Una opción harto efectiva para sumergirse en la estupidez placentera hasta el punto de perder de momento el trajín acérrimo del entorno y de la autosugestión, consta en enajenar el discurrir de la mente y la moción de las manos ocupando todas tus falanges y pulgares, apeando de la inercia lo anterior a un amasijo amorfo de plástico rígido con botones de colores, con la disposición absoluta de tu humanidad hacia la hipnótica pantalla de la cajita de fotones, para que sea así la forma en que se liquiden tus tardes, en la búsqueda y posteriormente al rescate, del honguito verde presto para irse a un precipicio, o en el mejor de los casos, para empatar el partido de fútbol que creías haber ganado contra una de esas selecciones de los países del eje en el Winning Eleven.

Mi historia con los videojuegos comenzó en septiembre de 1994, en una de esas soporíferas travesías que hice con mi abuela a Villa Arruga. Y daba la casualidad que, en una de las paradas del para mí desconocido itinerario, dimos con una amiga dizque de colegio de la mentada abuela, cuyo marido poseía un local de videojuegos bastante vacío, como bien sabemos, a razón del fenómeno que implicaba la hegemonia de adultos mayores en la población tocaimuna*.
Como no sabían qué hacer conmigo, mi condición de liliputiense obligó al encargado de turno a alzarme en brazos hasta acomodarme en una de las elevadas sillas del lugar. En seguida me otorgaban un dispositivo púrpura con botones de tonalidades lilas y grises, con las extrañas select, start, dependiente todo de un cordón coaxial que se conectaba a una caja morada y con la mirada que daba de frente a uno de esos goldstar de 21 pulgadas, el encargado de marras ajustaba un casette gigante con una etiqueta que mostraba la imágen de un fontanero de mostacho ingente enfundado en overol noño, montando un dinosaurio verde con alas y cara de mongólico.
Con esto el viaje mejoraba y la charla larga y tendida de aquellas viejitas vino a prolongarse hasta la noche, extensión locuaz que apremiaba tiempo mientras seguía adaptándome a las funciones X, Y, A y B del control, frustrándome al verme eliminado por uno de esos malditos hongos con patas que jodían mis pretensiones de saltar la barra para pasar al otro nivel. Me dió duro inclusive aprender a saltar los tubos, a golpear con la zoca del personaje las cajitas de interrogación las primeras veces, y se tornaban cada vez más patéticos mis intentos respecto a los anteriores, que me mamé de ese juego y opté por pedir otro.
Pedí fútbol y me fue peor. No obstante me sollaba cada una de las escenas, bien fuese los partidos con marcadores de risa o en las que tocaba escoger el equipo admirando todas esas banderas que no ví en el mundial anterior o en las que me tocaba pedir un jugador para patear algún penal. Así fue como transcurrió mi primer contacto con los videojuegos y con lo que me enteraba muchos años después de lo que venía a ser un Super Nintendo.

Pasaron tres años en mi añorada infancia desde aquel entonces y la igualdad de condiciones tan inherente a esa etapa la cual se supone que sea la más dulce y efusiva en la vida de un ser humano, me significaba una gran disposición social que me permitió tener amigos y hacer comunidades sin esforzarme mucho, como sí suele sucederme en la actualidad. Esas circunstancias me permitieron dar con amiguitos de muy opulenta procedencia en la cuadra en la que solía residir, por allá en el ese entonces vanguardista y emergente municipio de Fusagasugá**. Allí volví a encontrarme con el Super Nintendo y así pude conocer mucho más sobre estos vínculos, como por ejemplo, supe de la existencia de una revista Nintendo de la cual no volví a tener rastro, desde allí me volví un seguidor fiel del automovilismo mundial y pude dar con otras piezas maestras del videojuego como Slam Dunk, Bugs Bunny, Top Gear, Power Rangers, Galaxy Wars, Formula Mansell, entre otros que mi traicionera mente no me deja recordar.

Mis condiciones de domicilio cambiaron y así fue que llegué a la solariega, encantadora e inigualable capital de la republiqueta a vivir en casa de mis jactanciosos primos que en esos instantes contaban con un Family, de esos bien vieja guardia que funcionaban con un casette y que no contaban con jueguitos programados luego de prendido.
Allí conocí muchos más títulos que hube de jugar, por ejemplo estaba Lolo 2, World Adventure con Los Simpsons -el primer videojuego que se sacó de la serie, a propósito de los mejores que he jugado-, Contra 5 -parece como si los personajes hubieran augurado la metrosexualidad-, la más conocida y compleja de las versiones de Mario Bros -la versión que se programa en todos los family-, aunque también dí con la versión 8, la 9 y otras que demandaban mayor grado de dificultad en los niveles.
Llegó junio del 99', y justo en esos momentos en los que me encontraba inmerso en la mojigatería de los prejuicios que se infundaban en contra de la concurrencia que hacían todos los chicos cada viernes a una buena tienda de videojuegos, decidí omitirles de momento y fue allí en donde tuve mis primeras experiencias con la evolución del Super Nintendo, el Nintendo 64, consola gigantesca que supo sorprenderme gratamente ya que nunca había visto que en las funciones pudieran jugar más de 2 jugadores, así como las novedosas y coloridas formas de los controles los cuales contaban con las mismas denominaciones, a eso sumado a una palanquita que servía -para comodidad de mis dedos- para dar dirección.
Lo que más jugué hasta la saciedad: Mario Kart, Goldeneye, Super Smash Brothers, Super Star Soccer 64, Crushion World -que se puede jugar con moneda en máquinas especiales más grandes-, Pokémon, entre otros que por lo menos debí jugar una vez pero que tampoco recuerdo.
Mi pasión al automovilismo que comenzó en las épocas de Damon Hill, Jean Alesi, Gerhard Berger y Michael Schumacher cuando este corría con Benneton, se exacerbó aún más en la época en la que Juan Pablo Montoya lideraba el campeonato CART en el 99' y sonaba como posible reemplazante en Ferrari de M.Schumacher cuando este se lesionó una rodilla en el gran premio británico, igual, fueron esas pulsiones las que me obligaron a utilizar la invención más brillante de Sony en la época de los 90's desde su hit con las cabezas dobles para reproducción en VHS, como lo era el Play Station.
Aunque me sentía reticente ante la sofisticación de esta consola, gracias a CART 97', el mejor videojuego que he jugado en mi vida, me envicié y abandoné las virtudes que solía ofrecerme Nintendo 64'. A esas entradas también probé otros títulos como Tekken, The king of fighters, Gran Turismo, NASCAR Rumble, todas las versiones de fórmula 1 habidas y por haber y posteriormente conocería gracias a la moda entre mis amigos y a esa inmanente pasión balompédica del colombiano común y corriente, nada menos que la primera versión que supiese alterar del winning japonés el gran gomito*** de fútbol profesional colombiano, videojuego que conocí en agosto de 2001.
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Continuará....
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*Tocaima es el municipio más rupestre, calentano, asqueroso y subdesarrollado de Cundinamarca. Hablo del pueblo, no de la finca raíz de las afueras.
**En Fusagasugá viví del 90' al 97'. En esas épocas no tenía nada que envidiarle a Bogotá, había gran inversión, marcas internacionales, pero todo se fue a la mierda en el 99' gracias al precario William Garcia Fayad quien, gracias a sus buenas causas, han hecho del municipio un lugar para......disiaco.
***Ese era el pseudónimo del creador de esas versiones y sus posteriores alteraciones. El man es paisa, no lo conozco.

martes 6 de noviembre de 2007

Je suis revenú...

Después del inolvidable mes de jolgorio que se vivió en la blogósfera a razón de mi forzada ausencia, lamento informarles que hasta aquí llega la abstención que me impuse hacia el mundo de la letra amateur que representa esta acogedora sección del ciberespacio. Por lo tanto me encargaré de incrementar la frecuencia de publicaciones en mi principado de sinonimia cacófona.
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Juan sin miedo:
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ELECCIONES 2007
La democracia ha ganado, Bogotá el más rotundo perdedor de estas elecciones, candidatos decentes no había -a mi parecer-.
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ROCK AL PARQUE 2007
Tan sólo destaco la actuación de Alerta y División Minúscula. Estos grupos salvaron un repertorio que no pasó de ser más que discreto, a mi modesto criterio.
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PALACIO DE JUSTICIA 21 años.
Absurda conspiración de fuerzas institucionales que en su momento hicieron del camino hacia la deconstrucción de los hechos, un verdadero imposible. Loas a la impunidad histórica!!
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CASTELLANO PERVERSO
Ahora podré agregar una más en la lista de las palabras que más detesto: Hecatombe.
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¿CUANDO PODRÉ IR A UN CONCIERTO QUE VALGA LA PENA....?
Para responderte a la pregunta, creo que nunca. Ah sí, también te perderás el concierto de la agraciada islandecita. Ni empeñando el culo, te alcanzará para ir a ver tocar a los psicólogos de Montpellier, porque a Colombia, no vuelven. (Léase Björk Y Rinôcérôse respectivamente)
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MOTO GP SE VOLVIÓ UNA MAMERA, ¿HASTA CUÁNDO?
Hasta que termine la rosca española en las canteras de la categoría máxima del motociclismo en pista. Bien por Casey Stoner, merecido campeón del mundo en una moto de mierda como la Ducati.
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XENOFOBIA
Quien no ha de consumir el primer plato de sopa, que le den más!! El sustento del enaltecido salto de calidad de la economía española se lo deben a los cortos salarios subrepticios que disponen en ciertos sectores industriales para esas personas que hacen los oficios que su libidinosa gente haría por dos y hasta por cinco veces de la magnitud del salario más barato. Joder, yo también me pondría encabronao!!!
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I'M BLUE DABADI-DABADA
Hasta aquí creo que llegará el cuento de hadas de Millonarios en la copa sudamericana. Si he de equivocarme, abriré un post especial para el desquite de sus seguidores, ajenos y propios. Serán bienvenidas sus más fervientes y profundas imprecaciones.
Ah sí, decir que la copa Nissan es la otra mitad de la gloria representa nada menos que un víl escupitajo a casi toda la historia del fútbol suramericano entre clubes. Gloria que no igualan ni en premios ofrecidos.
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TOUT SEUL
Monsieur Sarkozy, il m'import qu'un cul son divorce, toujours et quand vous faites compléte attention à la reforme des travailleurs cette semaine... ¿si me oyo? A trabajar!!!
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REINADO
Deberían darle ya la puta corona a la representante de Bogotá, que es costeña y tiene acento de allá, pero que según ella, no es costeña porque lleva 4 años viviendo en Bogotá y lleva la cintilla que dice "Bogota D.C".

lunes 1 de octubre de 2007

Cuatro años después.

Yo me caracterizo por archivar cronológicamente mis infortunios. Por supuesto que se trata de un ademán extraño y más aún si se trata de conmemorar la peor debacle sentimental que haya tenido en mi vida. Un día como hoy, primero de octubre de 2003, recuerdo que la mujer con la que más devoción me enamoré, me rechazó con un inequívoco gesto de asco en contundente forma.
Desde ese entonces comencé a reconocer la completud de un panorama del cual me había rehusado a contemplar, si bien los rechazos posteriores a este, con cada rebuscado eufemismo justificante, con cada acto de sublime desprecio del que fuí objeto entre otras crueles situaciones, fuí comprendiendo progresivamente que como hombre me hace falta demasiado. Que en el ámbito idílico valgo menos que nada y que lo mejor será resignarme a invertir mis indeseadas energías buscando fuentes de felicidad en un vínculo diferente a este.

Bueno, por ahora me pregunto, ¿qué será de aquella fulana que pululaba mi vecindario, custodiada por eminentes chicos de bragueta alegre?

Una parte de mi desea verla luego de muchos meses sin apreciar su desmpampanante presencia, sin embargo, lo mejor para mi integridad mental será la de seguir teniendo su imagen de borrosas formas en mi mente y no seguir dándome más látigo como un víl pendejo indagando y codiciando infructuosamente lo que me hace falta para estar con alguien que ya jamás estará conmigo. Ojalá ese sujeto que haya sido lo suficientemente hombre para estar con ella y representarla, tome conciencia de la suerte que tuvo y que precie la valía de la vieja con la que se metió, porque sé que fueron miles de aplicantes rechazados. Aunque ustedes no lo crean, yo aún la sigo queriendo sin saber en qué proporción.

Ojalá ella y su familia se encuentren bien. Pero lo que me hizo, bah, historia patria ya. Por mi que se la sodomice el Zarco.

sábado 29 de septiembre de 2007

Requiem por un desodorante...

Juré previamente en vano ante dos grandes cofrades que, me abstendría de hacer pública esta bochornosa experiencia. Pero, como es tan escaso lo que puedo compartir de mi actualidad así también, en vista de mi miseria mental, mi trillada inventiva, mi execrable ostracismo y mi evidente falta de talento lírico, todo esto me ha dado como resultado un lógico vacío repertorial de inconmensurables proporciones en mi mediana bitácora de vida.
Por eso es que me queda como única opción, hacerles llegar la primera de mis correrías de una saga larga de infortunios que con todo el gusto que significará para mi, habré de compartir con ustedes, mis apreciados hermanos gregarios.

Ahora, ya que supo aguantar usted, la molesta introducción a modo de abuelito en mecedora y tanque de oxígeno al pie de una chimenea, mi historia comienza teniéndome, naturalmente, absorto en la cotidianidad digna de un universitario que atraviesa los primeros gajes de la etapa post-primípara en donde se supone que ya tienes alguna vaga referencia que te permita saber a qué atenerte respecto a cada una de las feroces bestias catedráticas que habrán de determinar arbitrariamente tu rendimiento académico, en donde ya tienes un ritmo de trabajo establecido, en donde ya diferencias quién es serio y quién no a la hora de conformar grupos de trabajo, en donde ya reconoces e inclusive cuentas y te deleitas con todas las beldades con las que te tocó compartir cada clase, en donde tomas conciencia de todo lo que significa sacar adelante un corte del semestre, entre otras que mi mente no alcanza a recordar, justo en uno de esos días en donde la premura es la orden del día, había comenzado esa vez mi arrebatada carrera al baño en el inicio de lo que iba a ser para mi ese fatídico e inolvidable miércoles.

Fuí víctima de mi propia pereza al prolongar con ramplonería olímpica, mis espacios de añorado sueño. El proceso que implica interrumpir mi sagrado momento de comodidad horizontal, bañarme, alistar mi morral, salir de mi amado domicilio para hacer pogo en el transmilenio y luego llegar a tiempo al parcial que esa vez tenía programado, me significaba un déficit de tiempo que supeditó cada uno de mis movimientos a una prisa tal, que con certeza me haría omitir minucias que sin saberlo podrían afectar con severidad toda mi jornada, y yo que pensaba que desde que llevara mi morral, los trabajos de momento y mi billetera todo estaba bien, cualquier cosa que se me quedase por fuera podía esperar.

Afortunadamente llegué a tiempo a mi horario de entonces (7am a 1pm) -y de ahora- a vivir la expectativa y el pánico previos a un parcial, la extensión de brazos a raíz de lo corto e incómodo que se queda tu pupitre cuando éste no puede más con tu reguero de hojas e implementos, toda esa presión mental durante la resolución del mismo, agregados a ese desespero y trancón sináptico que se empieza armar en tu cabeza cuando llega a tus oidos la frase más impía y desconsiderada que pueda pronunciar un profesor en un exámen en donde las preguntas te requieren concentración y un larguero como respuesta: "Quedan 2 minutos", cuando en realidad quedan 10. Pero son tan malvados estos sujetos, que en el evento de presentarse alguna queja manifiesta responden: "Serán 10 en su reloj, pero quedan 2 en el mío, jóven. Así que apúrese, ya debería haberme entregado", jaaaah... Qué te cuento...
No obstante, a pesar de haber sufrido las adversidades propiamente dichas de un parcial, alcancé a entregar mi hoja de respuestas dentro del tiempo asignado y así fue, como logré ultimar una de las muchas vorágines de nervios y teoría insulsa que tenía en la semana.
Eran las 9 de la mañana y salí de aquel salón hacia el edificio más bonito que tiene mi universidad en donde encontraría la sala de computadores, sala que a propósito hace parte de mi itinerario de locaciones en esas ocasiones cuando se me presenta un hueco (o espacio libre) en el horario. Sería justo allí en donde desperdiciaría mi momento de esparcimiento mientras espero la siguiente sesión que tendría lugar a las 11 de la mañana y en ese mismo piso se ubicaba uno de los mejores baños que pueda ofrecer el campus, la sala de cómputo, el salón de mi próxima clase y el hogareño baño, todos unidos por un largo pasillo.
Fueron minutos más tarde en donde comencé a notar que sufría uno de los primeros estragos físicos del parcial, cuando advertí que de la profundidad de mis extremidades superiores empezaba a emerger en proporción tenue, un olor amorfo, producto lógico de esa masiva secreción de líquidos durante el maldito exámen de los que afortundamente sólo yo percibía o que creí ser el único en percibir. Peor aún si se tratara de un individuo al que ya le habían diagnosticado un moderado caso de molesta Bromhidrosis.

Extrañado ante el fenómeno, comencé a hacer instrospección a esa precisa mañana. ¿Recuerdan que ya mencione que había omitido algunas minucias que podrían cambiar mi día? Bueno, había olvidado el celular, peinarme, cerrar la puerta de mi cuarto para que mis perros no entraran a mearse, olvidé llevar un libro que me prestaron, llevar otro CD para escuchar en el trayecto....ah sí, me faltó aplicarme desodorante.

Santa mierda, ¿Cómo fue que lo olvidé? Aunque la cosa en ese momento no era tan grave si traía conmigo esa vez una gruesa chaqueta de jean que me ayudaría a atenuar cualquier sádica sospecha, así que me la puse. No obstante comencé a teclear en exceso y a visitar sitios que demandaban opiniones al respecto. Diletancia pendeja, gente que me putea, la cual nunca falta en los foros de política y deportes a los que recurro, en fín a medida que iba tecleando, leyendo y disertando me iba viendo tan entretenido y tan concentrado que decidí detener mis acciones y fue justo allí en donde llegué a ese punto en donde la fobia del hedor de mi sudoración que me había incomodado hace algunos minutos, logró perturbarme demasiado, así que decidí interrumpir mi sesión ociosa de una jodida vez y me salí de la sala para ver cómo salía de esa situación.

Bueno, una vez afuera abrochémonos la chaqueta con los brazos bien abajo cual árbitro de fútbol en comercial de rexona y vayamos a la tienda más cercana a comprar una bolsita. Meto la mano en mi bolsillo de la plata y: ¡Oh, sorpresa! No tengo un puto peso. ¿Porqué me las tenía que dar de responsable y comprar fotocopias? No sientía monedas, ni billetes, tan sólo la tarjeta de transmilenio y peor si tenemos en cuenta mi costumbre de no cargar dinero en la billetera. Cielos, ¿ahora que hago? Bueno, llamemos a mi compinche, él entenderá mi necesidad por lo tanto vamos a pedir dinero prestado pero, ¿en dónde lo encuentro? ¿Cuál era su horario? Y si lo tuviese ¿En qué salón se encontraba? Oh, changos.... recuerden que dejé mi celular en la casa, me da la misma, minutos no tenía.

Ante semejantes negaciones, me tocó recurrir a la opción más ordinaria de todas, meterme al baño de ese elegante edificio a bañarme las axilas con jabón lo más rápido posible. Chún, entro al baño, me dirigo al dispensador de llave más cercano y qué encuentro: no hay jabón líquido. No hay nada en el dispensador que siempre veía lleno las ocasiones previas en las que había entrado. Era justamente una de las razones por las que siempre acudía a ese baño así eso implicara salir de un edificio hacia otro que entre sí demandasen una considerable distancia de 3 largas cuadras por muy pendeja que fuera la diligencia.

A ese baño entraron hartas personas que por fortuna ni se inmutaron de mi presencia en aquel lugar. Encerrado en una de las cabinas del cagadero de marras, recostado sobre la puerta hacia adentro me ponía a pensar qué era lo que debería hacer. Y faltar a la siguiente sesión me era imposible, por lo que se iba a tocar el tema principal de un importante parcial. ¿Cuál era la señal horaria? Eran las diez y media y no daba con ninguna solución que me permitiera superar este oso, igual no me sentía mucho olor, pero ese miedo a un ridículo higiénico me turbaba bastante.
Decidí salir de aquel lugar para volver a entrar, así en sucesiva forma. Hasta que en una de esas salidas del baño, unos amigos míos con los que previamente trabajé y que coincidían conmigo en la clase que esperaba, divisaron mi desagradable humanidad a lo lejos, sentados en las sillas del pasillo y a razón de eso fue que ellos empezaron a hacerme señas y a llamarme con urgente camaradería. Yo preferí devorlerles el saludo a la distancia y luego intenté meterme al baño hasta que dieran las once, pero la velocidad con la que me alcanzaron aquellos parranderos superó categóricamente mi preventivo movimiento. Me halaron hasta la puerta del salón en el que tendría la sesión, si bien la distancia entre el baño y el salón en cuestión era relativamente corta. Empezaron a indagarme sobre mis aventuras con los parciales de la semana, relatos mutuos de fracaso que se tomaban la pequeña reunión. -Mirá, yo saqué 2.7, no, yo saqué 1.5, yo trataba de evitar los aires de presunción ya que en mi caso particular, con o sin suerte había salido bien librado de los parciales más exigentes, y uno de esos amigos, en un gesto que podría esperar de un ente roscón, trató de recostarse contra uno de mis hombros, a lo que yo me rehusé exitosamente.

Ya iban a ser las 11 y seguíamos hablando. Yo tenía mi mente mis problemas axilares, respecto a lo que ellos pudiesen notar. Y cuando pensé que las cosas no podían empeorar aún más, de la escalera emergió nada menos, que una de las compañeras más atractivas que había tenido en mi vida. La nena se tenía demasiada amistad con los amigos con los que estaba, y justo ese día y no en las 5o mil clases de bastantes semestres previos en los que nos habíamos encontrado pero que nunca habíamos hablado siquiera, se le dió por dárselas de cariñosa cuando se apresuró a ofrecerme un efusivo saludo de beso y abrazo, el paquete completo. Maldita sea, ¡porqué me pasa esto el día en el que no me eché desodorante!!!!, en ese entonces a causa de ese exagerado saludo -el mismo que habían recibido todos allí- me tocó hasta ponerme de pie a razón de la gran estatura que portaba esta preciosura con merecida altivez.
Peor se ponían las cosas, cuando de pronto la alcanzaron sus amigas, de lejos, de mejor calidad genética que la primera susodicha. Justo ahí, también me ofrecieron un saludo similar, y sí que era extraño ya que eran personas con las que jamás había tenido contacto. Ya me habían visto, pero nunca nos habíamos balbuceado siquiera un -hola y adiós- entre nosotros. El lugar se empezó a llenar de gente. Todos me preguntaban cosas y nada que venía la profesora de la clase. Ya era hora que se presentara, eran un poquito más de las once de la mañana. Ya estaba harto de esta situación, a ver, imaginenme ustedes, sentado casi acostado sobre la silla con los brazos bien pegados con disimulo estoico, respondiendo en monosílabos a las personas que demandaban mi respuesta.

Bueno jueputa, ¡por fín!, llego la profesora, pero el salón está cerrado. ¿Dónde estaba el maldito portero? Para joder por nimiedades si están atentos, malditos bastardos... Ustedes ven que mi narración ha tomado hace mucho tiempo, evidentes matices de ofuscación y temperancia nula. Cuando por fín se presentaba el atembado portero, prueba todas las opciones del juego de 70 mil llaves que portaba en su mediocre cinturón y adivinen, correcto. Ninguna funciona. La gente alrededor en pleno silencio, mirando expectante la apertura de la puerta para coger buen puesto, una vez abierta. Y nada que daban con la llave, les quedó grande una culada....
Aquel imbécil tomo el radio y se comunicó con un tal Valdivia, quien se demoró en llegar. 11:20 y nada que abrían esa jodida puerta. Las aproximadamente 30 personas contando docente y alumnado sapo seguían en silencio, el único que se privaba de concentrarse en el patético melodrama de los vigilantes y las llaves era este servidor quien, ya había dejado de apretar las posaderas después de todo lo que me había acabado de suceder.
La puerta se abrió 30 minutos después del horario establecido. Salimos a la 1:30 de la tarde, hecho que me significaba perderme uno de los mejores partidos de la parrilla de programación de cuartos de final de la UEFA Champions league.

Cuando me devuelvo para la casa, siempre suelo tomar un colectivo. No me entusiasmaba irme de pie en el transmilenio y mucho menos, después del suplicio de jornada que acababa de tener. En el mismo bus empecé a sopesar todo tipo de cuestiones diversas sobre el cuerpo humano. Preferí analizar lo sucedido en aspecto general, más no juzgar mi propio organismo. Tampoco quería ponerme a pensar si las personas con las que estuve notaron si tenía chucha o no. Me importó un soberano bledo, todo lo que pudieran comentar sobre mi posteriormente.
Mientras la tartala en la que me había montado me acercaba a mi casa, me acordé de aquellos grandes estudiosos que vanagloriaban la anatomía humana, gente como Leonardo Da Vinci, Bartolomeo Eustaquio, el pendejazo con canas ese que presenta "La botica de la abuela" en televisión española, las sensuales profesoras de yoga del canal infinito, entre otros los cuales trataban de inspirar en sus aúlicos, un obligado asombro de esa estructura tan estrictamente funcional que era nuestra corporeidad, oh... con qué utilidad funciona cada cosa, qué maravilla etc, etc...
Sin embargo, al final les podría dar la razón, pero no la absoluta desde el punto en que se pueden develar los típicos sesgos de una exagerada apología cuando infiero que en un momento dado, el cuerpo humano no es tan maravilloso como dicen y así mismo puede llegar a ser en un momento dado, una completa porquería. Mi oprobiosa historia podría dar fe al respecto.

Desde ese día me prometí solemnemente que jamás se me va a olvidar aplicarme desodorante, así me encuentre con 30 minutos o con más de una hora de retraso. Este es el tipo de situaciones de las que no puedes dar espera. Tan sólo me resta recomendarles que tomen nota y que aprendan de esta accidental y desastrosa experiencia, la cual supo crear en mi un verdadero trauma.

martes 25 de septiembre de 2007

Artista del mes: Interpol.


En el tour de Bangalter, también hay un gran espacio para la música. Ese esplendor acústico del cual algún trágico existencialista quien a cántaros admiro consideraba que la vida sin esta sería un error.
En virtud a lo que hemos dicho ya, iniciamos nuestra sección no genuina en la cual, el criterio que tengo para escoger quien será el artista del mes se basa en aquella canción o banda, cuyo talento artístico y afinidad con mis predilecciones, sea digna de mi fruición y alcance a retumbar mi mente de tal manera que provoquen en mi ser, esas fastidiosas ganas de repetir hasta la saciedad, la misma secuencia de sonidos que bien tuvieron a cautivarme y que he acabado de oir durante el mes que presenciemos.

Ahora, la banda que tendrá dizque el "privilegio" de hacer el debut de esta humilde sección será Interpol. Una agrupación neoyorkina que debutó en el tinglado musical en 1998 y que al mando del británico Paul Banks en los vocales, Daniel Kessler en la guitarra y en los fondos vocales, Sam Fogarino en los teclados y Carlos Dengler en el bajo y en los teclados de fondo, tienen como objetivo tratar de consolidar la noble labor que emprendieron bandas harto notables como "Kashmr", "The Gathering", "Muse" y la más famosa: "The White Stripes" de hacer del rock indie-gothic progresivo una tendencia prominente que sea capaz de ser perpetuada por muchas generaciones.

Justo es Interpol, cuya nueva producción llegó a mis oidos coincidiendo con el mes de septiembre, luego de tener su primer single "The Heinreich Maneuver" de su tercer álbum de estudio "Our Love to admire" lanzado en los Estados Unidos en el mes de Julio, para ser visto y oido en latinoamérica en estos días, cortesía de MTV.






Otros artistas del mes antes de crear el blog, que pronto serán referenciados:

Mayo.2007 "David Byrne"
Junio.2007 "The Arctic Monkeys"
Julio.2007 "Los Dynamite"
Agosto.2007 "Pacha Massive".




*Para su comodidad, pronto aprenderé a poner videos en la página.